PARÁSITO #1

A propósito de Nature is healing de Nana Schlez

Algunas ideas sobre pánico y locura en 2025 




“La ciencia ficción era una forma de reconectar con la paranoia de mi madre, con esa forma particular de percibir la realidad basada en los detalles. Una lógica que reúne pequeños datos en un sistema alucinado y delirante. Así funcionaba su cabeza y así funcionaban las novelas de Philip Dick. Ambos podían sentir que la realidad es muy frágil y puede romperse en cualquier momento.”

Juan Mattio, Materiales para una pesadilla (2021; 199)




Apuntes (siguiendo el hilo…)



Pareciera que vivimos en un mundo de experiencia excedida, en una temporalidad que se escapa; una realidad fragmentada, faccionada, por fuera del conocimiento compartido. Ante esta fragilidad surge la necesidad de religarse con lo real y con los demás, recomponer un sentido de identidad y comunidad desde la imaginación, desde el lenguaje. Construir narrativas que den sentido a la experiencia puede ser la forma más humana de relacionarse con el mundo.


A diferencia de la ciencia como forma de conocimiento que se pregunta por el cómo -el funcionamiento, la técnica-, otras formas se preguntan por aquello que el saber científico desestima o incluso destruye: el por qué, el sentido, la razón de ser. Todo conocimiento requiere consenso y aceptación de su provisionalidad, su capacidad de revisión y reformulación. Sin embargo, hay relatos que buscan dar sentido al mundo más o menos porosos a la revisión, y que abrazan más o menos la contradicción y el des-orden. Simulacros de orden, de ordenamiento, que se toman a sí mismos demasiado en serio.

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Uno de los simulacros de orden contemporáneos es lo que podríamos llamar discursos infantilizados o regresión de las formas: tonos suaves y amigables, comunicación positiva, lenguaje simplificado. Desde el político que te trata como un amigo, las apps que presentan un paso a paso de cómo lidiar con tus problemas, hasta las infografías que representan problemáticas actuales con animalitos, nos vemos inmersos en un universo discursivo que busca neutralizar el conflicto, amortiguar el malestar, suspender la tensión.


Podemos pensar estas formas blandas como consuelos estéticos ante una promesa de futuro clausurado: ya no hay expectativas de un progreso firme y gozoso hacia la ascensión social, la estabilidad económica, el éxito laboral -ilusiones que supieron mantener la creencia en el trabajo, en la adultez, en la autonomía y autosuficiencia. Ante esta cancelación del futuro, la imaginación no desaparece, sino que pareciera replegarse hacia formas que alguna vez nos reconfortaron, nos hicieron sentir seguros, nos hicieron no sentir.

Lo que perdemos no es solo la capacidad de imaginar y gestionar futuros más deseables, sino también la posibilidad de mirarnos críticamente y nombrar el malestar. Perdemos de vista a la realidad en sus fracturas, sus contradicciones, sus fricciones. 

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Podemos pensar en una posible línea que vincule al lector detectivesco de fines del siglo XIX con el lector paranoico modelado por los algoritmos digitales (una posible historia de los lectores de la vida urbana, modelados por las ciudades: las multitudes, el anonimato, las normas, el control). Dice Piglia en El último lector que la figura del detective es la de “el sujeto único, el individuo excepcional, el que sabe ver (lo que nadie ve). O, mejor, el que sabe leer lo que es necesario interpretar, el gran lector que descifra lo que no se puede controlar.” 


Es en esas fugas del control, en esas anomalías, donde aparece la verdad del caso aparentemente imposible de resolver, así como la violencia y la maldad que subyacen en el entramado urbano/humano. Aquel que pueda identificar en el velo de lo cotidiano las anomalías que lo desgarran será quien pueda finalmente acceder a Lo Real.


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El cherry picking (recolección de cerezas), o también "falacia de la prueba incompleta", es un término que se usa para describir la acción de citar sólo los casos individuales o datos que parecen confirmar cierta postura o hipótesis, a la vez que se ignoran las pruebas que podrían contradecirla o debilitarla. Es una forma de manipulación de la evidencia que lleva a conclusiones sesgadas y obstaculiza la comprensión real de un tema.


El algoritmo como mecanismo que nos entrena como recolectores de cerezas.
Las redes sociales crean un circuito cerrado de información que reafirman una visión parcial sobre lo real (cámara de eco). Esto puede contraponerse a la idea de la cibernética que plantea que para que los procesos de un sistema funcionen se requiere un circuito de feedback positivo: el emisor tiene que reestructurar su output inicial a partir del input recibido. El sistema constantemente se reestructura y readapta, y así se regula.

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El pensamiento conspirativo construye relatos simplistas a partir de hechos sesgados que se establecen como verdades. Así, se constituye como una forma de la paranoia, y como un falso pensamiento crítico. Un simulacro del descubrimiento de la verdad. En este sentido no busca acceder a una verdad -entendida como un consenso racional a partir de diferentes comprobaciones- sino más bien desenmascarar La Verdad Oculta: una única verdad que es sustraída a la mayoría y que se encuentra en manos de unos pocos.


El atractivo de esta forma de pensamiento radica en que hace que la información más mundana se vuelva interesante al presentarla como confidencial, un secreto que no deberíamos saber y que sin embargo logramos rescatar de las tinieblas. En lugar de aportar pruebas concretas, quienes fomentan estas formas de acceso a la verdad presentan diversos hechos tomados de forma aleatoria, (cherry picking) y formulan preguntas insinuantes que invitan al público a “conectar gelos puntos”,nerando la ilusión de pensamiento crítico independiente. El problema no es entonces la intención de cuestionar y evaluar las nociones establecidas de lo real y/o las estructuras insuficientes que regulan lo cotidiano y sostienen un sistema desigual, sino, por un lado, las formas en las que se llega a las respuestas. Por otro lado, su incapacidad de recibir contra-argumentos, que son desacreditados como “parte del discurso dominante”, y que genera teorías cerradas a la revisión.

Este es entonces otro simulacro de ordenamiento, uno que requiere de la figura enrevesada de un tipo de lector particular: un lector capaz de conectar piezas aparentemente dispersas, y encontrar “a través del espejo, el camino del conejo blanco”; quiénes dominan las narrativas del mundo. Desenmascarar así el Motivo Secreto, la Historia Real, la Conspiración Última que explica el por qué de todo lo que está Mal. Un lector, en definitiva, paranoico: no solo en sus conexiones caprichosas de símbolos, sino también en la paranoia de la explicación, del significado: Alguien está tejiendo un plan absolutamente orquestado en contra de nosotros, la gente normal. Un relato heroico donde, como hay un villano, hay un héroe que descubre y vence al enemigo al poner en evidencia sus planes malvados.

Este tipo de pensamiento niega el azar, la complejidad, el error, la acción colectiva como motores o causantes de los procesos históricos y sociales. Prefiere imaginar a una agencia consciente antes que aceptar el caos del mundo, de forma que cada acontecimiento sigue milimétricamente el designio de un plan maestro. Por un lado, se presenta una fe desmesurada en la efectividad de la planificación humana, donde un grupo reducido puede ser tan poderoso como para no ya influir sino determinar el curso de los eventos a gran escala. No existen los sistemas (sociales, naturales, económicos) con dinámicas complejas, sino solo malas voluntades que mueven todo a su favor. Por otro lado, lo que se va conformando al pelar las capas de ambigüedades y accidentes es un universo rígidamente dualista, donde todo es una batalla entre el bien y el mal.


¿No es el algoritmo una versión distinta de una misma trampa?

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Podríamos decir que el trabajo de Nana Schlez se construye, formalmente y en una primera instancia, como una visión paranoica del mundo. En la repetición de objetos, personajes, símbolos que son parte de nuestra cotidianidad urbana, digital, gráfica, y que parecen caprichosos pero que en su insistencia comienzan a entramarse, las piezas alteran la manera que tenemos de ver o relacionarnos con aquello que antes nos pasaba inadvertido por ser demasiado "ordinario". Ahora nos saltan a la vista como significativos, significantes incluso, al unirse a la cadena desordenada pero evidente que la artista ensambla.


La obra funciona como una réplica, una copia desviada o errática que pareciera imitar las estéticas contemporáneas de circulación de información o los efectos en nuestras subjetividades de la sobre-exposición al contenido. Una aparente vertiginosidad que en realidad repite formatos, reitera elementos, nos arma un contexto que nos contiene y reafirma nuestra percepción de lo real, alejándonos de la complejidad. 

Nana Schlez trabaja sobre estas formas, sobre los “aparatos interpretativos y afectivos” (Carlos Gutiérrez) que, tomadas demasiado en serio, nos ciñen a lecturas estancadas del mundo. Al poner en contacto, en un señalamiento insistente, símbolos de conflictos contemporáneos (escopeta, contaminación, dispositivos de control, etc.) con personajes infantilizados que habitan esos entornos y generan narrativas artificiales, surge la dimensión irónica de su trabajo: lo ridículo de las formas que nos construimos. Perseguir la historia detrás de los patitos solo nos enfrenta a un vacío: el sinsentido de intentar interpretar el mundo, los vínculos, las emociones, a partir de esquemas, instrucciones o puntos fijos que conectar con líneas rectas. Un artificio que tendremos que reconstruir, cada vez, ensayando nuevas líneas de conexiones provisorias.

Acaso una fuga suceda en las escasas escenas que, aún revelando su artificialidad, parecen sumergirnos en una realidad-otra de la experiencia digital, donde la velocidad se detiene. Un pequeño pájaro muerto, una lombriz y una cascada, un breve contacto con algo del órden de lo onírico, momentos donde lo que vemos es puesta en abismo.

Referencias:

  • Contrapoints, CONSPIRACY (Youtube, 2025)

  • Ricardo Piglia, El último lector (De Bolsillo, 2005)

  • Café Kyoto, Una GENERACIÓN de CRISTAL (Youtube, 2025)

  • Juan Mattio, Materiales para una pesadilla (Aquilina, 2021)

  • Carlos Gutiérrez, Lo que pasa es que (Texto curatorial, 2025)

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